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 CAPÍTULO 4

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MensajeTema: CAPÍTULO 4   Vie Feb 22, 2013 11:14 pm

Capítulo 4

Era poco más del mediodía y el sol ardía sobre las baldosas del patio de los Pomari. En tiempos mejores, cuando Lucía era una niña, rodeaba la casa un esplendoroso jardín lleno de flores en el que Lucía jugaba. La pequeña era feliz en ese trocito de paraíso, solía inventarse historias de princesas y hadas en espera de un príncipe azul. Pasaba largas horas tratando de entablar conversación con una pareja de conejitos blancos, que en cierta ocasión le regaló su padrino, y soñaba que estos le respondían. Pero el tiempo pasó y el jardín se fue marchitando; los años dorados de la infancia quedaron junto con las flores enterrados en el recuerdo bajo las inertes baldosas grises.

-Esto se acabó Alejandro, ¿oíste? Han pasado más de 17 años… 17 años de mi vida sacrificados ¿entiendes? ¡No aguanto más esta condena!- Exclamó la señora Pomari desesperada.

- Baja la voz que puede oírnos la niña- le advirtió su esposo- Vamos, Elena… ¡por el amor de dios! Tenemos una hermosa familia, somos felices ¿qué pretendes?

- Ja, un teatro de familia… escúchate, ese es el problema… ¿cuándo vas a entender que no te amo? nunca lo he hecho, ¡ni nunca lo voy a hacer!- prosiguió ella.- escúchame bien… hasta el 14 de Enero ¡ni un día más!

- Pero es el cumpleaños de Lucía…-trató de persuadirla.

- Precisamente… 18 años. Creo que ya sabes lo que eso significa ¿no?- respondió ella en actitud tajante.

- ¡Siempre has sido una egoísta! ¿No puedes pensar un poco más en tu hija?- le recriminó Alejandro.

- Ella no…- apenas pudo pronunciar Elena antes de que el timbre del teléfono interrumpiera bruscamente la conversación.

Alejandro reconoció el número de Don Ángel Salazar en la pantalla del teléfono e inmediatamente tomó la llamada. -¿Señor Salazar? ¿Cómo está? No esperábamos escucharlo…

- Pomari, ¿Se puede saber qué está haciendo Lucía en la televisora? ¿A caso no fui claro?- interrogó Don Ángel en tono amenazante.

- ¿En la televisora? ¿Lucía? No, eso es imposible…-contestó Alejandro confundido- ella… ella está en su habitación.

Alejandro le hizo un gesto a su esposa para que fuera a comprobar.

-¡Ineptos! ¡Otra vez se escapó! Está aquí, audicionando ¡audicionando! ¡Es el colmo!- rugió Don Ángel- ¿Necesitan que les recuerde lo que puede pasar? Quiero a Lucía bien lejos de PangeaTV ¿sí oíste?

- ¿Está seguro qué está allá? ¡Qué barbaridad! Muchacha terca y desobediente…- exclamó el señor Pomari- descuide señor, no volverá a ocurrir…

- Eso espero Alejandro, la cosa es que me vio y me reconoció, así que por lo pronto a ver como arreglamos este desaguisado.- dijo Don Ángel todavía enfadado- No quiero ningún otro numerito de estos.

Don Ángel colgó el teléfono intempestivamente. Alejandro continuó clavado en el salón con el aparato entre sus manos mientras observaba a su esposa descendiendo las escaleras.

- No está, salió por la ventana…. –le informó Elena.

- Finalmente sí fue al casting, está en Pangea…- pronunció él mientras se llevaba las manos a la cabeza con preocupación.

-¿Qué te dije? Esta cría no da más que problemas.-concluyó ella.
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- ¡Papá! ¿Puedes decirme qué significa esto?- preguntó Alexia mientras sostenía una revista de cotilleos en las manos y señalaba indignada el margen derecho de una de las notas.

- Déjame ver- Don Gerardo tomó la revista, se acomodó sus anteojos y comenzó a leer.

“Pangea TV prepara nueva novela. La televisora, propiedad de Don Ángel Salazar, ha experimentado un enorme crecimiento a lo largo de los últimos veinte años, hasta el punto de considerarse actualmente la televisora más importante del país y una de las que mayor influencia tienen en el extranjero. Ya pocos recuerdan la época dorada de Teleocéanos en la que dicha televisora llegó a consolidarse como primera en ventas durante más de treinta años”.

-Ajá, ¿y qué con esto?- contestó Don Gerardo al terminar de leer.- Hija, no entiendo tu actitud.

- Es que tú no entiendes nada… ¿cómo que qué con esto? Estas hundiendo la empresa con tu falta de carácter y tu desinterés. ¡Con lo que le costó al abuelo levantar la televisora y a ti te da igual tirarlo todo por la borda!- le recriminó Alexia- Eres un hombre débil, no sirves para esto papá, lo siento.

- Alexia, no te voy a tolerar que te pases conmigo, ¡sigo siendo tu padre! –le advirtió él.

- Papá lo único que quiero es que me firmes un poder para manejar yo la empresa, si a ti no te interesa, a mi sí ¿entiendes? No voy a permitir que arruines mi futuro.-continuó la ambiciosa mujer.

-¡Ingrata! Aún te queda padre para rato, si te crees que te voy a permitir hacer y deshacer a tu antojo estás muy equivocada. Nosotros somos gente honrada, y deberías sentirte orgullosa por eso; no falsificamos el rating y no pactamos con inversores de dudosa reputación como hacen otros…

-¡Claro! Y así nos va como nos va… por supuesto ¡qué orgullo me da estar al borde de la bancarrota!- ironizó Alexia.
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Un incómodo silencio. Dos esculturales figuras, dos héroes trágicos rodeados por una atmósfera asfixiante, y un inquietante tic-tac de reloj que retuerce sus estómagos sin piedad.

-Perdón, a veces soy un patán… -pronunció David haciendo un gran esfuerzo.
Cora seguía con la mirada perdida.

- Vamos Cora… me pasé, lo admito… pero asunto olvidado…- siguió David mientras recogía las hojas del guión esparcidas por el suelo- el pasado es mejor dejarlo atrás… olvidar.

David dejó las hojas con sumo cuidado sobre el diván, y acercándose, colocó su mano sobre el hombro de la actriz.

-¡No me toques!- rugió ella dirigiéndole una mirada de ira.- ¿Qué demonios crees que estás haciendo desgraciado? Lo único que me faltaba… Tu absurda lástima. ¿No te das cuenta de nada verdad?

- Yo… -titubeó David.

- El pasado no se debe olvidar… nos ayuda a recordar quienes somos cuando otros pretenden hacernos vivir una fantasía. No tengas reparos en hablar de aquel día David…- Dijo Cora fingiendo una sonrisa- Sigamos recordando.

- ¿A qué te refieres?- Preguntó el actor.

- Me refiero a porqué tu hermano se fue ese día… -Cora estaba dispuesta a alborotar los fantasmas del pasado – Por eso siempre me odiaste… si no te hubieses quedado allí escondido como una rata, tal vez hubieses podido despedirte de él o incluso disuadirlo de su idea de marcharse. Él te esperó pero nunca llegaste ¿no es cierto? Y tú siempre te has sentido culpable…

- ¿Y tú como lo sabes? Yo era solo un niño. Yo no pude hacer nada…- Trató de justificarse David.- Cuando me di cuenta era demasiado tarde, ya no podía salir. ¿Qué hubiese hecho mi padrino si me descubre espiándolo? ¿Qué hubiese hecho si se entera que vi lo que te hizo?

- Cobarde… preferiste callar y disfrutar el espectáculo ¿no? – Le reprochó la actriz.- pero sigamos hablando de tu hermano… nunca supiste porqué huyó ¿verdad?

- ¿Acaso tú si? Nunca conociste a José.- Dijo David extrañado.

- Te equivocas, sí que lo conocí… el fue… - Cora suspiró- ya no viene al caso… pero sé que él nunca te contó la verdad.

- Y tú ahora… ¿me vas a hablar de esa verdad?- preguntó el actor.

- No veo porqué debería de hacerlo… tú no eres nadie… ¡y me caes mal! En cambio, don Ángel es mi jefe… ¿Hacia dónde crees que se inclina la balanza?- contestó la actriz con sorna.

- Pero a él deberías odiarlo por haberte violado…- dijo David.

- ¿De dónde sacas eso idiota? Él no me violó, solo lo intentó, pero yo escapé.- le aclaró Cora.

- Pero si yo vi…- David estaba muy confuso.

- Aquella que volvió a entrar a la habitación ya no era la misma niña ingenua.- dijo Cora con voz tajante.- Unas palabras me cambiaron y me hicieron comprender la realidad de este mundo, desperté, y lo agradezco.

- Bueno Cora… ¿Entonces no me lo vas a contar?- dijo David con resignación.

- No. Para nada.- contestó ella.

Don Ángel entró en el set mirando el reloj.- Perdonad chicos, se me complico la cosa… pero ya está todo arreglado ¿Nos vamos a comer?

-Don Ángel, discúlpeme pero no me encuentro muy bien. -Dijo Cora.- Preferiría irme a mi casa.

-¿Quieres que llame a alguien para que te acompañe?- preguntó Don Ángel.- Tal vez deberías ir al médico.

-Gracias, pero no hace falta.- dijo la actriz- Solo estoy un poco cansada
-Bueno pues descansa y reponte que el lunes comienza el rodaje y te quiero fresca y radiante.- dijo Don Ángel muy serio.

-No se preocupe jefe que todo irá de maravilla.- Sonrió Cora.- Nos vemos.

-Conseguiste lo que querías ¿no?- gruñó Don Ángel una vez que Cora había abandonado el set.

-¿Es a mí?- David se hizo el loco- Tú mismo viste… se encontraba mal.

-Ayyy David…- Dijo Don Ángel con resignación.
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Lucía y sus amigas llevaban horas en la televisora esperando a que anunciaran el resultado de los castings y los nervios estaban a flor de piel. Sentadas en el suelo del estrecho pasillo miraban ansiosas la puerta, por la que debería aparecer Ricardo. De pronto la puerta se abrió y el joven apareció con un folio en sus manos.

Las chicas se agarraron muy fuerte de las manos temblando de nervios y emoción, y se dispusieron a escuchar el veredicto.

-Bueno pues aquí estoy niñas – dijo Ricardo- ¿Estáis un pelín nerviosas no?

-¡¡Siiiiiii!!- dijeron todas a la vez.

- Relájense que tampoco es para tanto- Rió Ricardo.

- Para nosotras sí- dijo Marta.- Es para mucho….

- Bueno… pues allá vamos.- anunció el director- comenzaré a leer la lista de admitidas en… el séquito de la reina…

-¡Daleee!- Dijo Esme algo enojada.

- Está bueno primis… - Ricky comenzó a leer la lista- Lydia, Marta, Nadeska, Fernanda, María Luisa, Valeria, Jessica… y mi querida prima Esmeralda como no.

- ¿Y yo?- preguntó Lucía con los ojos rayados al no haber sido mencionada.

- Lo siento nena… no eres lo que buscamos.- Dijo Ricardo encogiéndose de hombros.

Lucía se sintió abochornada y terriblemente triste, todas sus amigas habían sido seleccionadas y no podía comprender porque ella no. De repente todos sus complejos e inseguridades estallaron en un llanto interno que luchó por no dejar escapar. Se dio la vuelta tratando de encontrar la puerta del pasillo pero las lágrimas acumuladas en sus ojos casi no le dejaban ver. Las chicas permanecían en silencio observándola. La alegría que debían sentir por estar cumpliendo su sueño se tornaba amarga ante la desdicha de su amiga.

Marta y Fernanda se acercaron para tratar de animarla; sin embargo, ella interpretó sus gestos como muestras de lástima y se sintió aun más humillada.

-Estoy bien chicas, pero tengo que irme.- dijo Lucía cortante.- Mis padres ya se habrán dado cuenta de que me fui.

-Espera Lucía, ¡te acompañamos!- dijo María Luisa.

-No, gracias.- contestó ella.- Ya les dije que estoy bien.

-Bueno, pues cuídate.- dijo Valeria- Nos vemos ¿no?

-Sí, claro.-Dijo Lucía alejándose por el pasillo- y por cierto… felicidades.

Esmeralda se acercó a su primo muy enojada.

-¿Por qué?- le recriminó.

Él le agarró del brazo y se la llevó a parte.

-Lo siento, no soy yo.- musitó Ricardo- Órdenes de arriba.
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-Es que no sé ni por qué me presente, que ridículo. ¿Qué me hizo pensar qué me elegirían? - se lamentó Lucía- Debo de dejar de ser tan soñadora. Mi vida es esta, no hay más.

La joven caminaba sin rumbo por un agobiante laberinto de estrechos pasillos y salas iluminadas por una tenue luz fosforescente. Algunas de ellas estaban completamente vacías, en otras había aparatos, cables y cajas esparcidos por el suelo. Al llegar a una gran puerta, la muchacha se detuvo pensando que había encontrado por fin la salida. Abrió con cuidado y se asomó, pero lo que vio fue una enorme sala de techos altos. Entre la oscuridad pudo distinguir los escenarios de “Soledad de mujer”, la ultima telenovela de Cora. El set estaba desordenado, ya habían comenzado a desmontar los decorados y las láminas de cartón y las tablas de madera se amontonaban cerca de la puerta. Lucía se sorprendió al ver convertido su mundo de ensueño en una patética realidad, demasiado normal y ordinaria para ella.

Tras dar un par de vueltas, decidió sentarse en un banco al lado de una máquina dispensadora de bebidas. Tras cerciorarse de que estaba sola rompió a llorar.
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Cora llevaba tiempo sentada en la cafetería de la televisora esperando a su chófer. Como pensaba comer fuera le había dicho que se fuera y ahora lo había pillado en pleno almuerzo.

-Es su trabajo estar disponible las 24 horas del día, para eso le pago- pensó la actriz - Inútil…

La paciencia no era lo suyo. Aburrida y enojada, miró su reloj y dio un último sorbo a su café… habían pasado más de quince minutos y no estaba dispuesta a esperar ni un segundo más. Cogería un taxi y mientras tanto pensaría en como castigar la ineptitud de su empleado.

Salió de la cafetería y al doblar el pasillo, observó al fondo sentada en un banco a una adolescente que lloraba con la cabeza agachada y el cabello entre las manos. Inmediatamente, sintió el impulso de acercarse.

-Oye, ¿Te encuentras bien? – preguntó la actriz mostrándose extrañamente compasiva.

-No podía ser, ¡era ella! Conocía perfectamente su voz- Lucía se quedó paralizada.

Cora se agachó frente a ella y levantó su barbilla con la mano.

-Estos ojos… ¡yo los he visto antes!- se dijo Cora, quien parecía casi más impactada que la propia Lucía.

Ricardo apareció de repente.

-¿Lucía? ¿Qué haces aquí?- preguntó el joven director- es un área reservada.

-Yo, yo… -la joven no salía del shock, eran demasiadas emociones en un mismo día.

-Ya veo que conociste a Cora ¿no?- sonrió Ricardo.

-Ricky, ¿puedo hablar contigo un momento?- dijo la actriz sin perder de vista a la muchacha.

-Propio- contesto él acompañándola a la puerta.

-¿Qué sabes de ella?- preguntó Cora bastante interesada.

- Pues que es tu fan, que se presentó al casting…- Ricardo se acercó a su oído- y que Don Ángel se ocupó personalmente de que no lo pasara.

-¿Cómo? ¿Y eso por qué?- Se sorprendió Cora- Que extraño es todo esto ¿no te parece?

- Yo lo único que sé es que cuando la vio se puso furioso, obviamente la conoce.- contestó él- Me amenazó de que si la escogía me corría… así que imagínate…

- Muy, muy extraño…- Cora se llevó la mano a la sien- Cari, ¿me haces un favor? Luego me dejas su ficha…

- Conociéndote llegarás al fondo de este asunto…- afirmó Ricardo.

-No te hagas, que a ti también te pica la curiosidad…- Cora sonrió- Además el hecho de que sea mi fan ayuda bastante

CONTINUARÁ…
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